Comprensión del la actividad del consultor político
Aquí arranco este blog, reflexionando sobre el rol que desempaña el consultor político en España y Latinoamérica donde, a diferencia de Estados Unidos, nos encontramos ante una profesión y una actividad que, de alguna manera, no se encuentra plenamente definida. No tanto, en el sentido de no tener claro lo que hacemos y cuál es nuestro cometido, que entiendo que sí que lo tenemos perfectamente claro, sino más bien, respecto al entendimiento por parte de los demás, de cuál es la finalidad de nuestra actividad y en qué consiste realmente lo que hacemos.
Supongo que muchos coincidirán conmigo en que muchas veces nos resulta realmente difícil explicar a los demás a qué nos dedicamos. De hecho, tanto los candidatos como los políticos en general, realmente poco saben de lo que hacemos y, en la mayoría de los casos, no tienen una idea clara de cuál es nuestro cometido y, sobre todo, como les podemos ayudar en su quehacer diario.
Hasta ahora, en nuestros países, el concepto de «asesoría política» ha estado vinculado al entorno o la estructura interna de las propias formaciones políticas o a las agencias de publicidad y/o de comunicación con las que suelen trabajar políticos, candidatos y formaciones políticas. En este sentido, sobre todo, a quienes queremos desempeñar la labor de consultoría política «de forma independiente», sin una vinculación directa de afiliación a un partido político, esta cuestión se complica más ah un y, de hecho, la mayoría de las veces, nos suelen llamar o contactar por recomendación de algún asesor de comunicación de estas formaciones políticas o candidatos, empresas y/o profesionales que tienen conocimiento de nuestra existencia y que, en la mayoría de los casos, son ellos los que nos solicitan ayuda para resolver cuestiones muy concretas dentro de la agenda política que están gestionando para «sus clientes». Rara vez es el candidato, político o partido político el que contacta directamente con nosotros.
Es irónico, se supone que contamos con la formación, los conocimientos y las herramientas necesarias para poder mejorar los niveles de aprobación, proyección o comunicación de un candidato, partido político o gobierno, pero muchas veces, y esto es una autocrítica, no sabemos «vendernos» a nosotros mismos.
Muchas veces y sobre todo, en España, que es el entorno más próximo en el que me muevo, se da la circunstancia que el político no sabe de nosotros, no tiene una idea clara de lo que hacemos, y nosotros, muchas veces, no sabemos explicar de una forma simple y sencilla qué es lo que hacemos exactamente. Es esta una circunstancia curiosa, y a la vez, se trata de una de las principales limitaciones con la que nos encontramos para el desarrollo y expansión de nuestra actividad. Somos capaces de diseñar una adecuada estrategia de mensaje para un político, pero no somos capaces de comunicar con simples palabras en qué consiste nuestra profesión.
No se sí quien haya visto esta reflexión se ha encontrado alguna que otra vez en esta situación, y si ha sido así, me gustaría compartir vuestra experiencia. Sobre todo, como creen que se puede mejorar esta situación y que podemos hacer para que nuestro trabajo de consultor político pueda ser perfectamente entendible y, de alguna manera, poder salvar este obstáculo en lo que es la proyección de nuestra profesión.
Una primera aproximación a la definición de consultor político
Aunque, a primera vista, esta cuestión puede resultar bastante sencilla, sí que me gustaría poder profundizar un poco más porque, aunque en un principio pensaba que era fácil dar con una respuesta convincente, me he dado cuenta que no es tan sencillo.
Además, como recientemente he iniciado mi andadura profesional como consultor político, es una cuestión que me preocupa especialmente, sobre todo, en estos primeros pasos en el que me he de enfrentar a la «venta» de mis servicios profesionales.
Además, no sé qué opináis vosotros, pero si bien casi no es necesario explicara a que se dedican los profesionales de otras actividades tales como, médicos, abogados, bomberos, policías, etc., en nuestro caso, conformar una definición simple, clara y sencilla, no es tan fácil porque, en la mayoría de los casos, se nos va a querer asociar a un político o a un grupo político, como si de un militante más de estos se tratara y lamentablemente, en los tiempos que corren, se trata de una actividad que vamos a utilizar para «aprovecharnos del poder y de los recursos públicos en nuestro propio beneficio». Por eso, hoy en día, es más difícil que se entienda en qué consiste nuestra profesión y justamente ese es nuestro mayor reto.
Si investigamos un poco podemos encontramos con muchos autores que nos pueden dar una definición más o menos acercada de lo que es nuestra profesión. Está bien investigar y adoptar aquella definición con la que «conectamos» de mejor manera o que mejor se adapta a la forma en la que entendemos nuestro trabajo, pero aquí quiero dar un paso más, e intentar dar con una definición que, si bien no resulta demasiado académica o rigurosa, quizás nos puede valer como una forma un poco más simple de ilustrar lo que queremos transmitir sobre nuestra profesión a quienes no están tan familiarizados con la actividad que desarrollamos.
En este sentido, mi corta experiencia me ha llevado a terminar diciendo es que nuestra actividad es como la de un médico, como la de un cirujano, en la medida que, al igual que ellos, contando con la formación académica necesaria, los conocimientos teóricos y prácticos, así como utilizando unas cuentas herramientas que nos van a permitir desarrollar nuestro trabajo, lo que hacemos es “ayudar a las personas que nos gobiernan o aspiran a gobernarnos a que puedan acceder a las instituciones de diferentes ámbitos de nuestros estados, para poder poner en práctica sus ideales y/o proyectos con los que aspiran, de alguna me era, a crear una sociedad un poco mejor y gestionar de una forma lo más racional y eficaz posible los recursos de la sociedad a los que aspiran representar”. En definitiva, sólo somos «un medio» que les va ayudar a la consecución de sus objetivos.
Aunque quizás se trate de una definición un tanto ambigua, lo cierto es que nuestra misión es «ayudar» y contribuir al eficaz desarrollo de una campaña política, a colaborar para la realización de una mejor gestión de gobierno o en la imagen pública y de comunicación de un político, candidato o formación política. en definitiva, nuestra misión es «ayudarles a cometer la menor cantidad de errores posible y, con ello, poder lograr los objetivos que se hayan propuestos». Al fin y al cabo, nuestra labor como consultores políticos se asemeja quizás también a lo que sería la figura de un aparejador que, bajo las directrices de un arquitecto (en este caso, candidato, político, formación política) cubre y supervisa todas aquellas cuestiones técnicas que van a permitir que el edificio que se va a construir (campaña, proyecto político, gestión de gobierno) se levanté sobre unas bases sólidas y consistentes y que todo ello se lleve a cabo en los plazos, calidades y demás cuestiones que se hayan previsto previamente.
Quizás sea esta una definición muy simplista, y un tanto alejada de un buen manual de marketing político, pero puede llegar a sernos válida a efecto de ilustrar o hacer llegar una primera aproximación acerca de lo que es nuestras trabajo. De hecho, muchas veces, al estar fuera de las propias formaciones políticas, nuestros potenciales clientes han de entender que nuestra percepción de las cosas va a estar «menos viciada» y, en definitiva, nuestro rol es la de ser «el malo de la película» o, por lo menos, al igual que le ocurre a un médico, va a estar menos viciada ya que, en principio, vamos a mantener una postura más imparcial y con menos lazos «afectivos» para con quién va a ser «nuestro cliente», aunque la relación profesional que se establezca sea muy próxima yo directa. Nos guste o no hemos de intentar decir siempre la verdad y ser lo más honestos posibles con nuestro cliente y, sobre todo, con nosotros mismos. Una verdad que ha de estar en consonancia con el trabajo que se nos ha encargado y que ha de guiar a nuestro cliente hacia la consecución de sus objetivos, de la manera más eficaz y efectiva posible. Creo que, conceptos como este, son fácilmente entendí les y no necesitan de mayores definiciones teóricas.
En definitiva, en qué consiste nuestro trabajo, pues en eso en ser «el aparejador» de una campaña electoral, de una estrategia de imagen pública de un político/formación política, o de una campaña relativa a la gestión de gobierno.
A partir de aquí, cada uno ha de encontrar la mejor definición para su actividad y una vez que la tengamos, ser capaces de comunicarla correctamente. Es en este punto donde radica esta primera reflexión en mi blog, que ha venido dada por la necesidad de simplificar conceptualmente cual es el sentido de nuestra profesión y en que podemos ser más útiles.
Es a partir de este punto a partir del que podemos profundizar mucho más, pero, en primera instancia nos vale para, por lo menos, tomarnos unos minutos para reflexionar sobre ello.
