Jordi Pujol Ferrusola y José María-Ruíz Mateos, todo por la familia

Pujol y Ruiz-Mateos

Vidas paralelas

Ya han pasado unos días desde que asistiéramos a la comparecencia del ex presidente de la Generalitat de Catalunya Jordi Pujol en el Parlament, y desde que, de una forma u otra, muchos de nosotros pudiéramos comprobar que en política nada está escrito.

Ahora, en la distancia y fruto de una eficaz estrategia de comunicación, la gestión de la agenda de nuevos acontecimientos, hacen que los efectos de esta intervención parezcan quedar diluidos en el tiempo. Por eso, es justo ahora, desde esa perspectiva temporal en la que quiero, desde una óptica un tanto distinta y singular, aproximarme a esta cuestión. Una reflexión que no pretende otra cosa que detenernos un instante a pensar sobre lo que ha sido toda una generación de políticos/empresarios en nuestro país, e intentar concluir si esta generación ya forma parte del pasado o, por el contrario, siguen perpetuándose en el tiempo.

Y para ello, me he permitido la licencia de confrontar a dos figuras que, aparentemente nos pueden resultar bien distintas pero creo que, si las analizamos a fondo, cuentan con más elementos en común que los que les pueden separar.

Se trata de Jordi Pujol Ferrusola y José María-Ruíz Mateos, dos exponentes de toda una generación, y de un país que, pese a la insistencia de querer ser diferentes, en el fondo son la misma cosa porque, nos guste o no, somos hijos del mediterráneo, somos los herederos de culturas como la griega o la romana en donde siempre ha habido una extraña mezcla entre política y negocios. Una circunstancia que sigue reproduciéndose en los tiempos en los que vivimos.

Y es aquí donde consultores y asesores políticos, en la mayoría de los casos, tenemos que movernos porque, bien mirado, “el ser político” ha evolucionado muy poco, y como nos muestran los acontecimientos que han rodeado a estos dos personajes, buena parte de nuestros políticos siguen siendo herederos de esa cultura judeocristiana en la que es frecuente encontrarnos con esa mezcla de católico convencido, empresario y visionario.

Nuestra sociedad, por mucho que aparentemente parezca que ha cambiado, fruto del desarrollo tecnológico o de la globalización, parece seguir resistiéndose a modificar un comportamiento que nos sigue definiendo como sociedad. Me refiero al hecho de seguir estando inmersos en una cultura matriarcal, donde el patriarca, aunque sea el máximo exponente “de la tribu”, cede su protagonismo efectivo, a favor de la mujer, que es quién en un contexto familiar, sigue controlando “los hilos” de las relacione entre sus miembros.

Cierto es que nos encontramos ante nuevos modelos de familia, como la mono parental, la constituida por parejas del mismo sexo, pero lo cierto es que, las familias llamadas “tradicionales”, siguen siendo las más proclives a que sus miembros participen activamente en política, en especial, “el patriarca” y sus vástagos. Por eso, estas dos figuras son el máximo exponente de “la familia clásica” o tradicional, en donde no pueden entenderse, sin relacionarlas con sus dos esposas, con Marta Ferrusola y con Teresa Rivero, ya que, lo cierto es que parece como si existiera una especie de “contrato no escrito” para el reparto de roles en el seno familiar, empresarial y político, en el que la mujer es la que realmente manda, es la que dirige, es quien marca las pautas, el que ejecuta las intriga y la que diseña la estrategia necesaria para proteger a su clan. Y, por su parte, el marido es quien ejecuta, siendo los hijos (por lo general, familias numerosas) los que han de cumplir sus órdenes.

Por eso, si entrar en mayor detalle, vemos que estos dos personajes tienen más en común de lo que les puede separar, porque han sido educados y criados para eso, para perpetuarse como un auténtico clan; para alcanzar algo que va mucho más allá de obtener prestigio, reconocimiento, poder o fortuna,  o dinero, para perpetuar su especie, para proteger su familia a toda costa, aunque eso implique sufrimiento y renuncia.

Al fin y al cabo, su vida gira en torno a ese único objetivo y, si es necesario, se crea toda una red de favores e influencia, basadas intrigas, secretos y “lo que fuera necesario” con tal de cumplir su única misión en su vida. Es por eso que el dinero o él poder político no son un fin en sí mismo, sino el medio que les va a permitir perpetuar su “statu quo”.

Lo hacían sus padres, lo hacia sus abuelos y lo hacían sus bisabuelos. Ahora, parece que son sus hijos los que intentan repetir ese mismo esquema, pese a que ello suponga un grave perjuicio para los demás, especialmente para quienes no forman parte de “su familia”.

Viven por y para ello, su concepto del bien y del mal es otro, no es el del “común de los mortales”. Están convencidos que sólo han de dar explicaciones ante su familia y ante dios, se creen en el derecho de no responder ante nada ni nadie que no sea ese binomio. Incluso, considera que la justicia es “su justicia”, no el conjunto de leyes y preceptos que las sociedades nos hemos dotado como sistema de convivencia.

Por eso, podemos entender cuál ha sido la reacción de ambos personajes cuando se han sentido acorralados, cuando “se les ha pillado en un renuncio”, cuando se les empieza  a cuestionar. Y ambos han reaccionado de la misma manera, con la defensa a ultranza de la familia, sacrificándose por ella, e insistiendo en que no son ellos los que han de dar explicaciones, sino que hemos de ser nosotros los que debemos de pedirles perdón por cuestionar su forma de ser, su forma de actuar o su estilo de vida.

Se trata de “personajes” que siguen a rajatabla los “diez mandamientos” y los receptos de la religión cristiana más pura, pero con la flexibilidad que le da el poder ir a misa cada domingo, confesarse, expiar sus faltas y seguir adelante. Así ha sido siempre y así ha de seguir siéndolo, porque lo hicieron sus antepasados, lo hacen ellos, lo hacen sus hijos y lo seguirán haciendo los hijos de sus hijos: Y es que forma parte de su tradición, es algo que está íntimamente ligado a su ADN.

Su verdad está por encima de la de los demás, su estilo y forma de vida es incuestionable, y si hay necesidad de defenderse, lo hacen pero bajo sus principios éticos y morales, los suyos, pero no el de los demás.

Obsesión por el poder, el dinero y la religión

Por mucho dinero o poder que tengan, su fortaleza reside en la fidelidad a ultranza de los principios transmitidos de generación en generación, en la austeridad por encima dar todo y en tener siempre la despensa llena (y su cuenta corriente) por si vienen tiempos difíciles. Ellos son, o pretenden ser, el poder y eso no quieren nadie se les cuestione.

Son afables, cariñosos, buenas personas, gente de bien, pero si hay que defenderse, bien a ellos mismos o cualquier otro miembro de su familia, lo harán sin dudar y con contundencia. Reprenderán a quién haga falta y cueste lo que cueste, incluso si esto supone poner en peligro su propia vida, porque es lo que han aprendido, porque forma parte de su código de conducta interno y familiar, porque lo hicieron sus antepasados y es lo que hay que hacer.

Llegados a este punto, podemos seguir enumerando más y más características que puedan tener en común estos dos personajes, que mezclan religión, familia, negocios, territorio y política, seguro que encontraremos más similitudes que diferencias pero, a donde he querido llegar es a entender como, en definitiva, la realidad es que tanto los catalanes, como el resto de españoles, no somos tan distintos como muchos se empeñan en hacernos. Nos guste o no, somos herederos de la cultura mediterránea. Esto ha sido así, es así y lo seguirá siendo.

Mientras tanto, nos toca asistir como espectadores a su gran espectáculo, que no es más que otra actuación del circo de la vida, del “circo de su vida”, como de una película épica se tratara. Y ustedes dirán, todo esto que tiene que y ver con la consultoría política, el marketing político o la comunicación política.

Yo creo que la comparación de estos dos personajes tienen mucho que ver con estos aspectos ya que, aunque pensemos que quienes han inventado todo esto del marketing político son los norteamericanos, en verdad han sido personajes como Jordi Pujol o Ruiz-Mateos que, aunque no lo llamen de esta manera, si qué han aplicado estas técnicas como herramientas para alcanzar sus propios objetivos, que no ha sido otro que el perpetuar su especie, en proteger a su clan.

Por tanto, lo llamemos como lo llamemos, estos conceptos de marketing político, de comunicación política,  o cualquier otro concepto que se les asocie, han existido desde siempre, le han sido transmitidos por sus antepasados ya que, no en vano, su origen se encuentra a orillas del Mediterráneo, da igual que sea en Grecia, Italia, Cataluña o España. Es aquí donde surgen los cuatro elementos fundamentales del marketing (producto, precio, lugar y distribución) que, durante siglos, han sabido combinar a la perfección y que los han aplicado a la política, sin necesidad de querer darles una mayor o menor justificación.

¿Y quien es el director de marketing, quién es el director de campaña, o quién es el jefe de gabinete? En este caso, no creo que  quepa la menor duda, lo son sus esposas, en este caso,  Marta Ferrusola y Teresa Rivero. Son ellas las que, en ese afán de protección de su prole, son las que  a gestionar su “plan de marketing familiar; algo que tiene mucho que ver con lo que podemos entender como “marketing político”. Y, es que,  aunque el portavoz de la familia sea siempre el patriarca, quien en verdad marca las pautas y fija las estrategias es “la matriarca”.

Más similitudes que diferencias

Quizás les pueda parecer esta reflexión un tanto simplista o alejada de la realidad pero, coincidirán con migo que, aún en nuestros días, son muchos los personajes más o menos influyentes en nuestras sociedades que siguen iguales pautas de comportamiento y, por tanto, hemos de ser conscientes de ello cuando queramos asesorar a potenciales clientes que se mueven en este contexto, aunque, muchos de ellos se nieguen a admitirlo.

A pesar que los tiempos son otros y que aparentemente las cosas ya no son como años atrás, nos guste o no, estas “familias” han sido capaces de perpetuarse en el tiempo, han sabido adaptarse a los cambios, porque su ancestral “ley de vida”  les obliga a sobrevivir. Por eso vamos a seguir encontrándonos, bien ejerciendo el poder económico, social, político o religioso.

Por eso, debemos de denunciar y cuestionar comportamientos como los que estos personajes están acostumbrados a ejecutar. Tenemos que cuestionar  ciertas actitudes y no resignarnos a que todo ha de permanecer igual, a que las cosas no se pueden cambiar, a que todo esto no es más que parte de nuestra cultura. Por lo menso, hemos de intentarlo y no conformarnos con ser meros espectadores.

Aunque como consultores o asesores políticos nos debemos a nuestro cliente, debemos de ser files a nuestro propio código ético, e intentar no promover o incentivar comparecencias como la que hiciera Jordi Pujol en el Parlament, o las intervenciones públicas que hacía Ruíz-Mateos, en la que reprenden a los demás para intentar desviar la atención sobre sus “propias vergüenzas”.

El debate está abierto, aquí les dejo esta pequeña reflexión que no quiere sentar cátedra de ningún tipo, sino que sólo pretende llevar el debate un poco más allá de lo que es la figura de estos dos personajes y de las noticias que han generado. Mi propósito no es otro que cuestionarnos las “reglas del juego” de este tipo de personajes, identificarlos e intentar no “caer en sus redes” porque, nos guste o no, las cosas están cambiando y en política, “ya no todo vale”.

Fotos: El Pais/ABC

Un claro ejemplo sobre la diferencia entre información y comunicación

Rajoy y Gallardon y Emma

Justo esta semana hemos asistido a lo que sería un claro ejemplo del tema que planteaba en mi post  anterior en este blog, en la que reflexionaba como  “la clase política” en España y me atrevería a decir que en muchos otros países,  más  que comunicar, siguen empeñándose en seguir informando, confundiendo ambos términos.

Pues bien esta semana hemos tenido un claro ejemplo sobre esta cuestión. Como todos ya se imaginan, me refiero a la dimisión del ministro de justicia del Gobierno de España, Alberto Ruiz-Gallardón y la rueda de prensa que tanto ha dado que hablar.

Es justo  aquí donde podemos ver un claro ejemplo de lo que quise plantear en mi anterior artículo de reflexión, en como asistimos a lo que podemos calificar como una “buena comunicación” y que,  salvando las distancias, no difiere en nada en el discurso que también esta semana hiciera la actriz Emma Watson en la sede central de la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York; otro ejemplo de lo que, a mi juicio, ha de ser de ser tomado como referencia de una “buena comunicación”.

En cambio, en el lado opuesto, tenemos la manera en el que el presidente Mariano Rajoy “comunica” la decisión de retirada de la ley del aborto. Y digo comunica, por decir algo, ya que lo que hacer realmente es lo que podría haber hecho cualquier otro portavoz de su gobierno, informar de cual había sido su decisión.

Ya conocemos la forma de actuar del presidente Rajoy, pero una decisión de tanta trascendencia, tendría que haber sido explicada de otra forma y no como se hizo. Supongo que tendría sus motivos, pero entiendo que no fue una decisión demasiado afortunada desde el punto de lo que debiera ser una correcta forma de comunicación política.

A esto es a lo que me refiero cuando decía en mi otro artículo que nuestros políticos han de empezar a cambiar su forma de comunicar. Y es que los ciudadanos parece que ya no se conforman sólo con ser informados, sino que necesitan que se les den más explicaciones sobre las cuestiones que el afectan. Algo que ha de ser entendido, no sólo por “nuestra clase política”, sino también por los que nos dedicamos a tareas relacionadas con la comunicación política.

Comparecencia de Alberto Ruíz-Gallardón

https://www.youtube.com/watch?v=OMrxKzbAPiA

Discurso de Emma Watson

https://www.youtube.com/watch?v=1NMCB4KCRRg

Declaraciones de Mariano Rajoy

https://www.youtube.com/watch?v=351rcHRjXP0

Información y comunicación… ¿es lo mismo?

IMG_0255.JPG

En esta ocasión me gustaría detenerme en el significado y aplicación practica que en política se le viene dando a estos dos términos.

Si acudimos al Diccionario de la Real Academia española, podemos constatar que la palabra información significa, “acción y efecto de informar”; e informar significa, “enterar, dar noticia de algo”. Por otra parte, comunicación significa, “acción y efecto de comunicar o comunicarse”, y comunicar significa: “Hacer a otro partícipe de lo que uno tiene. Descubrir, manifestar o hacer saber a alguien algo. Conversar, tratar con alguien de palabra o por escrito. Transmitir señales mediante un código común al emisor y al receptor”.

Por tanto, en principio la diferencia parece estar clara pero,a pesar de ello, mi sensación y no se hasta que punto puede ser una sensación más o menos generalizada, es que en política se suelen confundir ambos conceptos. Y más que confundir, se piensa que se esta comunicado cuando en verdad lo que se hace es sólo informar.

Durante mucho tiempo, incluso en nuestros días, parece que los políticos, tanto si se encuentran desempeñando acciones de gobierno como de oposición, se empeñan en informar más que comunicar.

Planteó esta cuestión porque quizás aquí radica el principal motivo por el que en verdad logran conectar con buena parte de la ciudadanía. Aquí puede estar el origen del dato que hay tras las encuestas de opinión que muestran una cada vez mayor desafección hacia la política y a los políticos en particular.

Sin lugar a dudas, es este un aspecto fundamental sobre el que tenemos que reflexionar, políticos y, sobre todos, los profesionales que nos dedicamos a la comunicación política, porque, realmente esta bien informar cuando ha de hacerse, pero sobre todo, la clave de poder mantener una perfecta sintonía entre los ciudadanos y quienes nos gobierna es la calidad de la comunicación que se establece entre ambos. No se trata del canal, que es importante, sino sobre todo de como se lleva a cabo la construcción de esa comunicación.

Es algo tan sencillo y evidente que, a pesar de ello, parece que a muchos se nos ha olvidado, entre los que me incluyo porque, en esta cuestión, todos tenemos algo de responsabilidad. Pero si bien es verdad u que los primeros que han de entender esto son los políticos también, quienes de alguna manera nos dedicamos a prestarles asesoramiento, hemos de tenerlo bien presente, y no seguir cayendo en la tentación de confundir ambos términos.

Al fin y al cabo, lanzo esta reflexión al aire porque, en los tiempos que corren parece evidente que lo que no se visualiza parece como si no existiera, y es por eso, que la comunicación de calidad, la comunicación bien construida, se hace más necesaria que nunca ya que hoy en día “los actos de fe” ya no son eficaces como antaño. Por eso se hace necesario que hagamos entender a “la clase política” que comunicar es algo más que una nota de prensa o publicar contenidos y mensajes de forma constante en las redes sociales. Comunicar es algo más, ha de formar parte de una estrategia bien definida, ha de ser parte consustancial a la gestión de gobierno o de hacer política, es y debe ser el principal instrumento para poder hacer llegar adecuadamente nuestras mensajes, lo que hacemos, lo que queremos y lo que no a quienes dan sentido a todo esto, a los ciudadanos.

Foto: http://www.freepik.com/

Algo está cambiando en la forma de comunicación política en España

15100126808_06df7934c2

EL PAÍS: “Pedro Sánchez quiere tele”

http://politica.elpais.com/politica/2014/09/18/actualidad/1411068614_012640.html

ELMUNDO: “Pedro Sánchez, en manos de una experta en humanizar políticos”

http://www.elmundo.es/espana/2014/09/19/541b6d9ee2704e74058b4584.html

La verdad es que no pensaba que fuera a realizar una segunda reflexión en mi blog tan pronto y que estuviera tan íntimamente relacionado con el primer artículo que he publicado con anterioridad.

Viendo la ola de comentarios desatada por la participación del nuevo líder del PSOE, Pedro Sánchez en dos programas de entretenimiento de máxima audiencia en la televisión en España y después de ver como muchos, bien se rajan las vestiduras  o bien  aplauden esta decisión, creo que resulta realmente esperanzador ver como un líder político de una formación política tan importante, se haya decidido a experimentar y ver como las cosas se pueden hacer de otra manera.

Lo cierto es que como un profesional que inicia la actividad de la consultoría política no puedo más que identificarme con Verónica Fumanal y cómo, sin mayor afán de protagonismo que la de su cliente, en este caso Pedro Sánchez,  rompe los moldes en la vieja forma de hacer política en nuestro país, aplicando técnicas de marketing político que permiten comunicar “de otra manera” con el ciudadano.

Los críticos dirán que “a dónde vamos a llegar”, “que la política no puede verse como un producto”, “que los líderes no son como las estrellas de la televisión, pero lo cierto es que lo que hay detrás de estos pequeños gestos es una estrategia bien definida y unos objetivos perfectamente claros.

Escribo este post porque, justo lo he arrancado hace muy poco, hablando de la figura del consultor político y lo que nos resulta que entre la clase política de nuestro país se entienda en qué consiste nuestro trabajo y, las cosas surgen así, como en el caso de Verónica, que un buen día coincide con Pedro Sánchez y este se da cuenta que hay una manera diferente de hacer las cosas.

En fin, espero que seamos cada vez más los que como Verónica podamos acceder a políticos que entiendan que vivimos un nuevo momento y que necesitan rodearse de profesionales independientes, formados y con experiencia en la que puedan confiar.

El papel del consultor político

Business People Team with 3D Puzzle Pieces

Comprensión del la actividad del consultor político

Aquí arranco este blog, reflexionando sobre el rol que desempaña el consultor político en España y Latinoamérica donde, a diferencia de Estados Unidos, nos encontramos ante una profesión y una actividad que, de alguna manera, no se encuentra plenamente definida. No tanto, en el sentido de no tener claro lo que hacemos y cuál es nuestro cometido, que entiendo que sí que lo tenemos perfectamente claro, sino más bien, respecto al entendimiento por parte de los demás, de cuál es la finalidad de nuestra actividad y en qué consiste realmente lo que hacemos.

Supongo que muchos coincidirán conmigo en que muchas veces nos resulta realmente difícil explicar a los demás a qué nos dedicamos. De hecho, tanto los candidatos como los políticos en general, realmente poco saben de lo que hacemos y, en la mayoría de los casos, no tienen una idea clara de cuál es nuestro cometido y, sobre todo, como les podemos ayudar en su quehacer diario.

Hasta ahora, en nuestros países, el concepto de “asesoría política” ha estado vinculado al entorno o la estructura interna de las propias formaciones políticas o a las agencias de publicidad y/o de comunicación con las que suelen trabajar políticos, candidatos y formaciones políticas. En este sentido, sobre todo, a quienes queremos desempeñar la labor de consultoría política “de forma independiente”, sin una vinculación directa de afiliación a un partido político, esta cuestión se complica más ah un y, de hecho, la mayoría de las veces, nos suelen llamar o contactar por recomendación de algún asesor de comunicación de estas formaciones políticas o candidatos, empresas y/o profesionales que tienen conocimiento de nuestra existencia y que, en la mayoría de los casos, son ellos los que nos solicitan ayuda para resolver cuestiones muy concretas dentro de la agenda política que están gestionando para “sus clientes”. Rara vez es el candidato, político o partido político el que contacta directamente con nosotros.

Es irónico, se supone que contamos con la formación, los conocimientos y las herramientas necesarias para poder mejorar los niveles de aprobación, proyección o comunicación de un candidato, partido político o gobierno, pero muchas veces, y esto es una autocrítica, no sabemos “vendernos” a nosotros mismos.

Muchas veces y sobre todo, en España, que es el entorno más próximo en el que me muevo, se da la circunstancia que el político no sabe de nosotros, no tiene una idea clara de lo que hacemos, y nosotros, muchas veces, no sabemos explicar de una forma simple y sencilla qué es lo que hacemos exactamente. Es esta una circunstancia curiosa, y a la vez, se trata de una de las principales limitaciones con la que nos encontramos para el desarrollo y expansión de nuestra actividad. Somos capaces de diseñar una adecuada estrategia de mensaje para un político, pero no somos capaces de comunicar con simples palabras en qué consiste nuestra profesión. 

No se sí quien haya visto esta reflexión se ha encontrado alguna que otra vez en esta situación, y si ha sido así, me gustaría compartir vuestra experiencia. Sobre todo, como creen que se puede mejorar esta situación y que podemos hacer para que nuestro trabajo de consultor político pueda ser perfectamente entendible y, de alguna manera, poder salvar este obstáculo en lo que es la proyección de nuestra profesión.

Una primera aproximación a la definición de consultor político

Aunque, a primera vista, esta cuestión puede resultar bastante sencilla, sí que me gustaría poder profundizar un poco más porque, aunque en un principio pensaba que era fácil dar con una respuesta convincente, me he dado cuenta que no es tan sencillo.

Además, como recientemente he iniciado mi andadura profesional como consultor político, es una cuestión que me preocupa especialmente, sobre todo, en estos primeros pasos en el que me he de enfrentar a la “venta” de mis servicios profesionales.

Además, no sé qué opináis vosotros, pero si bien casi no es necesario explicara a que se dedican los profesionales de otras actividades tales como, médicos, abogados, bomberos, policías, etc., en nuestro caso, conformar una definición simple, clara y sencilla, no es tan fácil porque, en la mayoría de los casos, se nos va a querer asociar a un político o a un grupo político, como si de un militante más de estos se tratara y lamentablemente, en los tiempos que corren, se trata de una actividad que vamos a utilizar para “aprovecharnos del poder y de los recursos públicos en nuestro propio beneficio”. Por eso, hoy en día, es más difícil que se entienda en qué consiste nuestra profesión y justamente ese es nuestro mayor reto.

Si investigamos un poco podemos encontramos con muchos autores que nos pueden dar una definición más o menos acercada de lo que es nuestra profesión. Está bien investigar y adoptar aquella definición con la que “conectamos” de mejor manera o que mejor se adapta a la forma en la que entendemos nuestro trabajo, pero aquí quiero dar un paso más, e intentar dar con una definición que, si bien no resulta demasiado académica o rigurosa, quizás nos puede valer como una forma un poco más simple de ilustrar lo que queremos transmitir sobre nuestra profesión a quienes no están tan familiarizados con la actividad que desarrollamos.

En este sentido, mi corta experiencia me ha llevado a terminar diciendo es que nuestra actividad es como la de un médico, como la de un cirujano, en la medida que, al igual que ellos, contando con la formación académica necesaria, los conocimientos teóricos y prácticos, así como utilizando unas cuentas herramientas que nos van a permitir desarrollar nuestro trabajo, lo que hacemos es “ayudar a las personas que nos gobiernan o aspiran a gobernarnos a que puedan acceder a las instituciones de diferentes ámbitos de nuestros estados, para poder poner en práctica sus ideales y/o proyectos con los que aspiran, de alguna me era, a crear una sociedad un poco mejor y gestionar de una forma lo más racional y eficaz posible los recursos de la sociedad a los que aspiran representar”. En definitiva, sólo somos “un medio” que les va ayudar a la consecución de sus objetivos.

Aunque quizás se trate de una definición un tanto ambigua, lo cierto es que nuestra misión es “ayudar” y contribuir al eficaz desarrollo de una campaña política, a colaborar para la realización de una mejor gestión de gobierno o en la imagen pública y de comunicación de un político, candidato o formación política. en definitiva, nuestra misión es “ayudarles a cometer la menor cantidad de errores posible y, con ello, poder lograr los objetivos que se hayan propuestos”. Al fin y al cabo, nuestra labor como consultores políticos se asemeja quizás también a lo que sería la figura de un aparejador que, bajo las directrices de un arquitecto (en este caso, candidato, político, formación política) cubre y supervisa todas aquellas cuestiones técnicas que van a permitir que el edificio que se va a construir (campaña, proyecto político, gestión de gobierno) se levanté sobre unas bases sólidas y consistentes y que todo ello se lleve a cabo en los plazos, calidades y demás cuestiones que se hayan previsto previamente.

Quizás sea esta una definición muy simplista, y un tanto alejada de un buen manual de marketing político, pero puede llegar a sernos válida a efecto de ilustrar o hacer llegar una primera aproximación acerca de lo que es nuestras trabajo. De hecho, muchas veces, al estar fuera de las propias formaciones políticas, nuestros potenciales clientes han de entender que nuestra percepción de las cosas va a estar “menos viciada” y, en definitiva, nuestro rol es la de ser “el malo de la película” o, por lo menos, al igual que le ocurre a un médico, va a estar menos viciada ya que, en principio, vamos a mantener una postura más imparcial y con menos lazos “afectivos” para con quién va a ser “nuestro cliente”, aunque la relación profesional que se establezca sea muy próxima yo directa. Nos guste o no hemos de intentar decir siempre la verdad y ser lo más honestos posibles con nuestro cliente y, sobre todo, con nosotros mismos. Una verdad que ha de estar en consonancia con el trabajo que se nos ha encargado y que ha de guiar a nuestro cliente hacia la consecución de sus objetivos, de la manera más eficaz y efectiva posible. Creo que, conceptos como este, son fácilmente entendí les y no necesitan de mayores definiciones teóricas.

En definitiva, en qué consiste nuestro trabajo, pues en eso en ser “el aparejador” de una campaña electoral, de una estrategia de imagen pública de un político/formación política, o de una campaña relativa a la gestión de gobierno.

A partir de aquí, cada uno ha de encontrar la mejor definición para su actividad y una vez que la tengamos, ser capaces de comunicarla correctamente. Es en este punto donde radica esta primera reflexión en mi blog, que ha venido dada por la necesidad de simplificar conceptualmente cual es el sentido de nuestra profesión y en que podemos ser más útiles.

Es a partir de este punto a partir del que podemos profundizar mucho más, pero, en primera instancia nos vale para, por lo menos, tomarnos unos minutos para reflexionar sobre ello.

En construcción

 

Empezando con mi Blog

Aquí estoy, siempre se dice que hay una primera vez y aunque hace tiempo que vengo teniendo presencia en otros blogs, ahora ha tocado el momento de arrancar con el mío propio.

Por lo general los inicios suelen ser complicados, pero también supone un reto muy estimulante. En este caso arranco este nuevo espacio con ilusión y ganas de compartir temas y aspectos sobre los que siento especial predilección.

Con el tiempo espero ir mejorando el aspecto de mi blog, pero ahora es momento de seguir peleándome con el WordPress.